Los factores de riesgo de lesión más frecuentes en nadadores competitivos son el volumen e intensidad de entrenamiento, el historial previo de lesiones y los desequilibrios musculares, y aunque los programas de prevención disponibles se centran casi exclusivamente en el hombro y la espalda, la evidencia acumulada apunta a la necesidad de estrategias multicomponente que abarquen todo el cuerpo. Esta revisión de alcance (scoping review) ofrece el mapa más actualizado de factores de riesgo e intervenciones publicado hasta la fecha, y sus conclusiones tienen implicaciones directas para quienes diseñan la preparación física de nadadores.
Qué se estudió: una revisión amplia de la literatura hasta 2025
Los autores realizaron una revisión de alcance —una metodología que busca mapear la evidencia existente sobre un tema, identificar lagunas y sintetizar resultados de forma narrativa, sin cuantificar estadísticamente los hallazgos como haría un metaanálisis— consultando cinco bases de datos bibliográficas con fecha de corte en septiembre de 2025. A partir de 4.394 estudios identificados inicialmente, 58 cumplieron los criterios de inclusión. La condición fundamental era que los participantes fueran nadadores competitivos exclusivamente. La extracción de datos fue realizada por dos revisores independientes para garantizar la fiabilidad del proceso.
Dentro del conjunto final, 46 estudios analizaban factores de riesgo de lesión y 12 evaluaban intervenciones para reducirlas. Esta distribución ya revela un desequilibrio relevante: hay mucho más conocimiento sobre qué provoca lesiones que sobre cómo prevenirlas de forma efectiva.
Principales hallazgos: el hombro acapara la atención, pero las lesiones son más amplias
Las regiones corporales más afectadas en nadadores competitivos son el hombro, la columna lumbar y la rodilla, un patrón consistente con la naturaleza repetitiva y de alta carga del deporte. Sin embargo, la literatura no refleja esta distribución de forma equilibrada:
- La mayoría de los estudios de factores de riesgo se concentraron en el hombro, con una presencia mucho menor de investigaciones sobre columna lumbar o rodilla.
- Los tres factores de riesgo reportados con mayor frecuencia fueron: el volumen e intensidad de entrenamiento, el historial previo de lesiones y el desequilibrio muscular.
- Los 12 estudios de intervención eran todos de base ejercicio (ninguno farmacológico, quirúrgico ni de otro tipo) y se dirigían únicamente al hombro o a la espalda, sin abordar la rodilla ni otras regiones.
La síntesis es narrativa, lo que significa que los autores no calcularon tamaños de efecto combinados ni niveles de certeza estadística global. Los resultados deben interpretarse como un mapa del estado del conocimiento, no como una cuantificación precisa de la magnitud de cada factor de riesgo.
Qué significa para el entrenamiento: de la prevención segmentada a la prevención integral
Gestionar el volumen y la intensidad como prioridad preventiva
El hallazgo de que el volumen e intensidad de entrenamiento son los factores de riesgo más frecuentemente reportados no sorprende, pero sí obliga a tomarlo en serio en la planificación. Conviene revisar cómo se distribuyen las cargas a lo largo de la temporada, especialmente en periodos de preparación intensa o antes de competiciones importantes. Una progresión excesivamente rápida del kilometraje semanal, la acumulación de microciclos de alta intensidad sin recuperación suficiente o la combinación de entrenamiento en el agua con un volumen elevado de trabajo en seco son escenarios que aumentan el riesgo. Aunque el artículo no especifica umbrales concretos de carga, la evidencia recogida respalda el uso de herramientas de monitorización de la carga (como la relación entre carga aguda y crónica) y la comunicación continua entre entrenador y nadador para detectar señales tempranas de sobrecarga.
El historial de lesiones como señal de alerta permanente
Que el historial previo de lesiones figure entre los factores más frecuentes refuerza la importancia de realizar un seguimiento longitudinal de cada deportista. Un nadador que ha sufrido una lesión de hombro, una lumbalgia o una rodilla del nadador (breaststroker’s knee) tiene un riesgo elevado de recurrencia si no se ha abordado la causa subyacente. En la práctica, esto implica no dar por cerrado un episodio lesivo simplemente cuando desaparece el dolor, sino asegurarse de que se han recuperado la fuerza, el control motor y los patrones de movimiento que pudieron contribuir a la lesión original.
Los desequilibrios musculares: un objetivo de trabajo preventivo sistemático
El desequilibrio muscular es el tercer factor más reportado y, a diferencia del volumen o el historial, es potencialmente modificable mediante el entrenamiento. La natación, por su propia naturaleza, genera patrones de desarrollo muscular asimétricos: los músculos internos del hombro (rotadores internos, pectorales, dorsal ancho) tienden a hipertrofiarse y acortarse, mientras que los rotadores externos y estabilizadores escapulares quedan rezagados. Algo similar ocurre en la musculatura del tronco y de la cadera. Incorporar de forma sistemática ejercicios de fortalecimiento de la cadena posterior, rotadores externos del hombro, core y musculatura de cadera no es un complemento opcional: es parte esencial de la preparación física del nadador. Los 12 estudios de intervención identificados en esta revisión, todos de base ejercicio, apuntan precisamente en esta dirección, aunque su foco exclusivo en hombro y espalda deja sin respaldo a la rodilla.
La rodilla del nadador: una región desatendida en la prevención
Uno de los mensajes más claros de esta revisión es que la rodilla está subrepresentada tanto en la investigación como en los programas de prevención, a pesar de ser una de las tres regiones más lesionadas. Para entrenadores que trabajan con nadadores de braza, esto es especialmente relevante: el gesto técnico de la patada de braza somete a la rodilla a fuerzas de valgo y rotación repetidas que, con un alto volumen de entrenamiento, pueden derivar en tendinopatías, síndrome de la banda iliotibial o dolor patelofemoral. Mientras la investigación no genere intervenciones validadas específicas para la rodilla del nadador, conviene aplicar los principios generales de prevención de lesiones de rodilla adaptados al contexto acuático: fortalecimiento del cuádriceps, isquiotibiales y abductores de cadera, control de la técnica de patada y gestión del volumen de braza.
Hacia programas de prevención multicomponente y para todo el cuerpo
La conclusión central de los autores es que los programas de prevención actuales son demasiado segmentados. Si las lesiones afectan al hombro, la columna y la rodilla, y los factores de riesgo incluyen tanto variables de carga como de control motor y fuerza, tiene sentido diseñar programas de prevención que integren ejercicios para múltiples regiones corporales, aborden la carga de entrenamiento como variable clave y sean aplicables durante toda la temporada, no solo tras una lesión. Un programa multicomponente podría incluir, en una misma sesión de trabajo en seco: ejercicios de rotadores externos y estabilizadores escapulares, trabajo de core con énfasis en anti-rotación y estabilización lumbar, y fortalecimiento de cadena posterior de miembro inferior. La duración, frecuencia y progresión ideal de estos programas no puede determinarse a partir de esta revisión, dado que los estudios de intervención no se sintetizaron cuantitativamente.
Limitaciones que conviene tener presentes
Al tratarse de una scoping review con síntesis narrativa, este trabajo no permite cuantificar la magnitud del efecto de cada factor de riesgo ni la efectividad comparada de las intervenciones. La representación desproporcionada del hombro en la literatura puede sesgar las conclusiones: no sabemos si el hombro es más prevalente porque realmente se lesiona más, o porque ha recibido más atención investigadora. Además, todos los participantes incluidos eran nadadores competitivos, por lo que las conclusiones no son directamente extrapolables a nadadores recreativos o máster. La revisión tampoco detalla características como la edad, el sexo, el nivel de competición o la disciplina específica de los participantes, variables que podrían moderar los factores de riesgo identificados.
Conclusiones aplicables al entrenamiento
- El volumen e intensidad de entrenamiento, el historial de lesiones y el desequilibrio muscular son los factores de riesgo de lesión más frecuentemente reportados en nadadores competitivos y deben ser monitorizados de forma activa.
- Las regiones más expuestas a lesión son el hombro, la columna lumbar y la rodilla; los programas de prevención deberían cubrir las tres, no solo el hombro.
- Todos los programas de intervención disponibles son de base ejercicio, lo que respalda la inclusión sistemática de trabajo de fortalecimiento y control motor en la planificación del nadador.
- La rodilla está subrepresentada en la investigación preventiva: mientras no existan programas validados, conviene aplicar principios generales de prevención adaptados al contexto de la natación.
- Los programas de prevención multicomponente y para todo el cuerpo están respaldados por los hallazgos de esta revisión, frente a los programas focalizados en una sola región.
- El historial previo de lesiones obliga a un seguimiento longitudinal individualizado: recuperar la capacidad funcional completa antes de retomar cargas elevadas es fundamental para reducir el riesgo de recurrencia.

