Entrenar en altitud puede alterar temporalmente el sueño de los nadadores de élite durante la primera semana de exposición, aunque los marcadores fisiológicos de aclimatación siguen la evolución esperada. Entender cómo el cronotipo —la tendencia individual a ser “madrugador” o “noctámbulo”— se relaciona con esas dificultades puede ayudar a personalizar el seguimiento durante los stages de altitud.
Qué se estudió: nadadores de élite mundial en un camp de 21 días a 2.320 m
El estudio monitorizó a siete nadadores de clase mundial (4 hombres y 3 mujeres) antes, durante y después de un camp de entrenamiento de 21 días en altitud (2.320 metros). Se trata de un diseño observacional descriptivo con seguimiento longitudinal, lo que permite identificar patrones de cambio pero no establecer relaciones de causa-efecto.
Las variables evaluadas incluyeron:
- Dificultad para dormir, medida con el Athlete Sleep Screening Questionnaire (ASSQ), un cuestionario validado para deportistas.
- Saturación de oxígeno en reposo (SpO₂), como indicador de aclimatación respiratoria.
- Frecuencia cardíaca en reposo (FCR).
- Síntomas de mal de montaña agudo (MMA).
- Fatiga, recuperación, estado de hidratación y carga de entrenamiento, registrados diariamente.
- Marcadores hematológicos y de estatus de hierro, medidos antes y después del camp.
- Cronotipo individual, determinado con el Morningness-Eveningness Questionnaire (MEQ), que clasifica a las personas en matutinas, vespertinas o intermedias.
Qué encontraron: aclimatación fisiológica con perturbación inicial del sueño
Dificultad para dormir: peor en la primera semana, con recuperación progresiva
Los nadadores mostraron una dificultad para dormir descriptivamente más alta durante la primera semana de altitud (6,14 ± 1,07) en comparación con el valor basal previo al camp (4,14 ± 1,21). En la tercera semana, la puntuación se aproximó de nuevo al nivel inicial (4,29 ± 1,50). No obstante, las comparaciones por pares no mantuvieron la significación estadística tras la corrección por multiplicidad (corrección de Bonferroni), por lo que estos resultados deben interpretarse como tendencias descriptivas, no como diferencias estadísticamente confirmadas.
SpO₂ y FCR: señales consistentes de aclimatación
La SpO₂ aumentó a lo largo del camp: la semana 3 fue significativamente más alta que las semanas 1 y 2 tras la corrección de Bonferroni, lo que refleja una mejora en la captación de oxígeno conforme avanza la exposición a la altitud. La FCR fue significativamente más baja en la semana 3 que en la semana 1 (aunque no respecto a la semana 2 tras la corrección), lo cual es coherente con la adaptación cardiovascular esperada.
Cronotipo y sueño: una asociación previa a la altitud, no generada por ella
Se observaron asociaciones inversas fuertes entre el cronotipo y la dificultad para dormir tanto en el período basal (rho = −0,87, p = 0,014) como durante la primera semana en altitud (rho = −0,85, p = 0,019). Esto indica que los nadadores con un cronotipo más vespertino tendían a reportar mayor dificultad para dormir. Sin embargo, ninguna de estas asociaciones superó el umbral de significación ajustado por Bonferroni (α = 0,010). Además, los autores señalan que las diferencias relacionadas con el cronotipo ya estaban presentes antes de la exposición a la altitud, lo que sugiere que no emergen específicamente por el contexto del camp sino que reflejan una característica individual preexistente.
Otros marcadores: sin cambios significativos
Las variables reportadas por los atletas (fatiga, recuperación, hidratación) se mantuvieron estables a lo largo del camp. Los síntomas de mal de montaña agudo fueron mínimos. Los marcadores hematológicos y de estatus de hierro no mostraron cambios significativos entre el período previo y posterior al camp.
Qué significa para el entrenamiento en altitud
Monitoriza el sueño desde el inicio, especialmente en la primera semana
Aunque los datos son exploratorios, la tendencia a un mayor deterioro del sueño durante los primeros días de exposición es coherente con la literatura sobre aclimatación y merece atención práctica. Conviene incluir una herramienta de seguimiento del sueño —como el ASSQ u otras escalas validadas para deportistas— desde el primer día del camp, no solo cuando el nadador manifieste problemas. Una detección temprana permite ajustar la carga de entrenamiento antes de que la acumulación de fatiga comprometa el rendimiento o la recuperación.
El cronotipo como variable de seguimiento individualizado
Los resultados sugieren que los nadadores con cronotipo vespertino podrían ser más vulnerables a las dificultades de sueño, tanto en condiciones normales como en altitud. Evaluar el cronotipo antes del camp (con el MEQ u otra herramienta validada) permite identificar a los deportistas que merecen una vigilancia más estrecha del sueño desde el inicio de la exposición. Esto no implica cambiar el programa de entrenamiento de forma radical, pero sí puede orientar decisiones sobre horarios de entrenamientos, gestión de la luz artificial por la noche o estrategias de higiene del sueño adaptadas a cada perfil.
No anticipar eritropoyesis significativa en camps de tres semanas
La ausencia de cambios significativos en marcadores hematológicos y de hierro tras 21 días a 2.320 m es un dato relevante para la planificación. Aunque este estudio no tenía potencia estadística suficiente para detectar cambios de pequeña magnitud, el hallazgo es coherente con la idea de que la respuesta eritropoyética requiere exposiciones más prolongadas, altitudes mayores o condiciones específicas. Los entrenadores no deben asumir que un camp de tres semanas a esta altitud garantiza beneficios hematológicos mesurables, aunque sí puede inducir adaptaciones fisiológicas en SpO₂ y FCR.
Las variables reportadas por los atletas son un indicador de estabilidad
La estabilidad de las variables subjetivas (fatiga, recuperación, hidratación) y la baja incidencia de síntomas de mal de montaña agudo indican que, en este grupo de nadadores de élite, la carga del camp fue manejable. Esto refuerza el valor de integrar el seguimiento diario de bienestar subjetivo como parte del control de carga, ya que permite detectar desajustes antes de que aparezcan en marcadores objetivos.
Aclimatación progresiva: planifica la carga considerando las semanas
El hecho de que SpO₂ mejore y FCR disminuya de forma progresiva a lo largo del camp refuerza la lógica de periodizar la intensidad del entrenamiento en función de la fase de aclimatación. La primera semana, cuando el sueño tiende a estar más perturbado y la saturación de oxígeno es más baja, podría no ser el momento más adecuado para introducir las sesiones de mayor demanda. Una distribución de la carga que reserve los estímulos más exigentes para las últimas semanas del camp —cuando la aclimatación está más consolidada— parece razonable, aunque este estudio no permite validar esa hipótesis directamente.
Limitaciones importantes a tener en cuenta
Los propios autores califican estos hallazgos como exploratorios e hipotéticos. El tamaño de muestra es muy reducido (n = 7), lo que limita enormemente la potencia estadística y la posibilidad de generalizar los resultados. Ninguna de las asociaciones entre cronotipo y sueño superó el umbral de significación tras la corrección estadística. Se trata de un estudio observacional sin grupo control, por lo que no es posible atribuir causalidad a ninguno de los cambios observados. La población son nadadores de clase mundial, por lo que los resultados no son directamente extrapolables a nadadores de nivel regional, juvenil o masters.
Conclusiones aplicables
- La dificultad para dormir mostró una tendencia descriptiva a aumentar durante la primera semana del camp de altitud y a recuperarse hacia la tercera semana, aunque sin significación estadística confirmada tras corrección por multiplicidad.
- Los marcadores fisiológicos (SpO₂ y FCR) evolucionaron de forma consistente con una aclimatación progresiva a lo largo de las tres semanas.
- El cronotipo vespertino se asoció descriptivamente con mayor dificultad para dormir, tanto antes como durante la altitud; esta relación parece preexistir al camp, no ser generada por él.
- No se observaron cambios significativos en marcadores hematológicos ni de hierro tras 21 días a 2.320 m.
- Conviene monitorizar el sueño y evaluar el cronotipo antes y durante cualquier camp de altitud, especialmente en la primera semana.
- Estos resultados son exploratorios y deben replicarse en muestras más amplias antes de derivar recomendaciones definitivas de planificación.


