Saltar al contenido
VigIA Natación

Efectos del entrenamiento de fuerza máxima en nadadores

Seis semanas de entrenamiento de fuerza máxima en seco modificaron el perfil fuerza-velocidad del press de banca en nadadores de nivel regional, pero esos cambios no se tradujeron en mejoras medibles en el agua. Este hallazgo alerta a entrenadores y preparadores físicos sobre el riesgo de asumir que las adaptaciones terrestres se transfieren automáticamente al rendimiento acuático.

Qué se estudió: diseño, población e intervención

El estudio incluyó a 18 nadadores de nivel regional distribuidos en dos grupos: un grupo control (GC), que entrenó únicamente en el agua durante todo el período, y un grupo experimental (GE), que añadió entrenamiento de fuerza máxima en seco dos veces por semana. La intervención duró 6 semanas en total: 5 semanas combinando natación con trabajo de fuerza máxima en el press de banca (BPr, del inglés bench press) y en el jalón al pecho (LP, del inglés lat pulldown), seguidas de 1 semana solo de natación.

Antes y después de la intervención se realizaron dos tipos de evaluaciones:

  • En seco: perfiles fuerza-velocidad (F-V) del press de banca y del jalón al pecho.
  • En el agua: perfiles carga-velocidad (L-V) en crol, incluyendo una estimación de la resistencia hidrodinámica activa (active drag).

El análisis estadístico empleado fue un ANCOVA (análisis de covarianza), utilizando los valores previos a la intervención como covariables.

Qué encontraron: adaptaciones en seco sin transferencia al agua

El único efecto significativo del grupo detectado por el ANCOVA fue en la pendiente del perfil F-V del press de banca (F = 5,47; p = 0,036; η²p = 0,296). En términos prácticos, esto indica que el GE experimentó un desplazamiento hacia el polo de fuerza en su perfil F-V en ese ejercicio, es decir, una mayor orientación hacia la producción de fuerza en detrimento de la velocidad de ejecución, o bien una reducción del desequilibrio previo entre ambas cualidades.

Sin embargo, ningún parámetro acuático mostró diferencias significativas entre grupos: ni la velocidad de nado, ni los valores del perfil carga-velocidad, ni la resistencia hidrodinámica activa se vieron afectados por la intervención. Tampoco se encontró interacción significativa entre el grupo y el sexo, lo que indica que hombres y mujeres respondieron de manera comparable a la intervención dentro de esta muestra.

Qué significa para el entrenamiento: no asumas transferencia, mídela en el agua

Este estudio ofrece una advertencia metodológica y práctica de primer orden para cualquier profesional que diseñe bloques de fuerza para nadadores: una mejora en el perfil F-V en seco no garantiza, por sí sola, una mejora en el rendimiento acuático. La tentación de interpretar adaptaciones terrestres como indicadores de progreso en el agua debe resistirse, al menos dentro de marcos temporales comparables al de este estudio.

Sobre la duración del bloque de fuerza

El período de 6 semanas puede resultar insuficiente para que las adaptaciones neuromusculares generadas en seco encuentren expresión en el medio acuático. Conviene planificar bloques de fuerza máxima con horizontes temporales más amplios o integrarlos en fases donde la transferencia pueda monitorizarse durante más tiempo antes de extraer conclusiones sobre su eficacia en el rendimiento de nado.

Sobre la elección de ejercicios y su especificidad

El press de banca y el jalón al pecho son ejercicios habituales en la preparación física de nadadores por su similitud con los patrones de empuje y tracción del nado. Sin embargo, los resultados de este estudio sugieren que la similitud muscular no equivale a transferencia funcional. Al planificar la fuerza en seco, conviene combinar estos ejercicios con estímulos más específicos del gesto de nado y con evaluaciones directas en el agua, en lugar de confiar únicamente en los datos del gimnasio para estimar la mejora acuática.

Sobre la evaluación del rendimiento

Uno de los aportes metodológicos más relevantes del estudio es el uso simultáneo del perfil F-V en seco y del perfil L-V en el agua, junto con la estimación de la resistencia hidrodinámica activa. Este tipo de evaluación dual permite detectar si existe o no transferencia real entre ambos entornos. Se recomienda incorporar evaluaciones acuáticas específicas —como los perfiles L-V o la medición de la velocidad en condiciones de resistencia añadida— para valorar el efecto real del entrenamiento de fuerza sobre el rendimiento en el agua, en lugar de basarse exclusivamente en test de gimnasio.

A quién aplicar estas consideraciones

Los resultados corresponden a nadadores de nivel regional, por lo que las conclusiones no deben extrapolarse directamente a nadadores de élite internacional ni a categorías iniciación o máster sin cautela. En nadadores de mayor nivel, los mecanismos de transferencia pueden ser distintos dado su mayor historial de entrenamiento de fuerza y su técnica más consolidada.

Sobre la ausencia de diferencias por sexo

La ausencia de interacción significativa entre grupo y sexo sugiere que, en esta muestra y con esta intervención, hombres y mujeres respondieron de forma similar. No obstante, la muestra total de 18 participantes es reducida, por lo que este resultado debe interpretarse con prudencia y no como una conclusión definitiva sobre la respuesta diferencial por sexo al entrenamiento de fuerza máxima en nadadores.

Limitaciones a tener en cuenta

El estudio presenta varias limitaciones que condicionan la generalización de sus resultados:

  • La muestra es pequeña (18 participantes en total), lo que limita la potencia estadística para detectar efectos de menor magnitud.
  • La duración de 6 semanas puede ser insuficiente para observar transferencia acuática, sin que esto implique que una intervención más prolongada no pudiera producirla.
  • Los participantes son nadadores de nivel regional, por lo que los resultados no son directamente aplicables a otros niveles de rendimiento.
  • Solo se evaluó el estilo crol, por lo que no es posible extrapolar los hallazgos a otros estilos de natación.

Conclusiones aplicables

  1. Seis semanas de entrenamiento de fuerza máxima en seco (press de banca y jalón al pecho, dos veces por semana) modificaron el perfil F-V del press de banca en nadadores regionales, pero no produjeron cambios significativos en ningún parámetro de rendimiento acuático.
  2. No se debe asumir que las adaptaciones en seco se transfieren al agua dentro de este marco temporal; la transferencia debe evaluarse directamente en el medio acuático.
  3. Se recomienda incorporar evaluaciones duales —en seco y en el agua— para verificar si el entrenamiento de fuerza está produciendo el efecto deseado sobre el rendimiento de nado.
  4. El perfil L-V en el agua, junto con la estimación de la resistencia hidrodinámica activa, es una herramienta valiosa para monitorizar la transferencia del entrenamiento de fuerza al rendimiento acuático.
  5. La respuesta a la intervención fue similar en hombres y mujeres dentro de esta muestra, aunque el tamaño reducido aconseja prudencia al interpretar este resultado.
  6. Los resultados aplican a nadadores de nivel regional y no deben generalizarse a otros niveles de competición sin evidencia adicional.
Interpretación elaborada con inteligencia artificial (Claude, de Anthropic) a partir de la publicación original, y revisada por el Comité Académico de Swimming Science.
Publicación Original