Retrasar los entrenamientos matinales de las 7:00 a las 9:00 h permite que los nadadores adolescentes de élite duerman una hora más cada noche, pero ese beneficio en el sueño no se tradujo en mejoras significativas en la recuperación ni en el rendimiento durante un campo de entrenamiento de ocho días. El hallazgo es relevante porque cuestiona una solución aparentemente sencilla a un problema crónico: la privación de sueño en nadadores jóvenes de alto nivel.
Qué se estudió: nadadores de élite juvenil en condiciones controladas
El estudio reclutó a 27 nadadores de nivel nacional (13 mujeres y 14 hombres; edad media de 15,6 ± 1,0 años) y empleó un diseño cruzado aleatorizado (randomized cross-over), lo que significa que cada participante actuó como su propio control. Los nadadores completaron dos campos de entrenamiento de ocho días cada uno, celebrados en enero y octubre de 2023 en Saarbrücken, Alemania.
La única variable manipulada fue la hora de inicio de la sesión matinal: 07:00 h (condición temprana) frente a 09:00 h (condición tardía). El orden de las condiciones se asignó de forma aleatoria entre los dos campos. Para medir el sueño y la recuperación se utilizaron actigrafía, diarios de sueño y la Escala Corta de Recuperación y Estrés (Short Recovery and Stress Scale, SRSS). El rendimiento se evaluó mediante pruebas contrarreloj de 100 m en el estilo principal de cada nadador y de 800 m estilos libre, realizadas antes y después de cada campo. El análisis estadístico incluyó modelos lineales de efectos mixtos, análisis de varianza de medidas repetidas y análisis de mediación basado en regresión, este último para determinar si los cambios en el sueño mediaban los posibles efectos sobre la recuperación y el rendimiento.
Qué encontraron: más sueño, pero sin mejoras en recuperación ni rendimiento
El resultado más claro fue que retrasar la sesión matinal dos horas aumentó la duración del sueño en una hora por noche (1,0 ± 0,5 h; t = 14,0, p < 0,001). Se trata de un efecto estadísticamente muy robusto y con relevancia práctica evidente en cuanto a horas de descanso adicional.
Sin embargo, esta ganancia de sueño no produjo diferencias significativas en ninguna de las medidas de recuperación (p > 0,080) ni en el rendimiento en los 100 m ni en los 800 m (p > 0,204). El análisis de mediación tampoco detectó efectos indirectos de la duración del sueño sobre la capacidad mental, ni de la capacidad mental sobre el rendimiento (p > 0,05).
Los autores concluyen que, si bien el entrenamiento temprano se asocia claramente con menor duración del sueño, el retraso del horario a las 9:00 h, durante un período de ocho días, no fue suficiente para generar mejoras detectables en la recuperación o el rendimiento de estos nadadores.
Qué significa para el entrenamiento: implicaciones prácticas con matices importantes
El problema del sueño en nadadores adolescentes sigue sin resolverse
Este estudio confirma, con datos objetivos obtenidos mediante actigrafía, que los entrenamientos matinales tempranos reducen el sueño en nadadores jóvenes de élite. Esto no es un dato menor: la privación crónica de sueño en adolescentes tiene consecuencias documentadas sobre el desarrollo, la salud y el rendimiento a largo plazo. Para entrenadores y preparadores físicos, reconocer que las 7:00 h de la mañana representan una carga adicional —más allá del propio estímulo de entrenamiento— es el primer paso para gestionar mejor la carga total.
Retrasar el horario mejora el sueño, pero no de forma inmediata en el rendimiento
Ganar una hora de sueño por noche durante ocho días no fue suficiente para mejorar el rendimiento ni la recuperación percibida. Esto sugiere que los beneficios de intervenciones sobre el sueño pueden requerir períodos de mayor duración para manifestarse en indicadores de rendimiento. Dicho de otro modo: si estás planificando una modificación del horario de entrenamiento con la expectativa de ver resultados competitivos a corto plazo, los datos de este estudio no la respaldan para períodos de ocho días.
Conviene interpretar esto con cautela: la ausencia de efecto en un campo de entrenamiento de ocho días no implica que el sueño sea irrelevante para el rendimiento, ni que retrasar los horarios sea inútil. Simplemente, los efectos —si existen— no se detectaron en este diseño y con esta duración.
Consideraciones para la planificación de campos de entrenamiento y temporada
En la práctica, cuando se diseñan campos de entrenamiento intensivos, suele asumirse que la carga física es el principal modulador del rendimiento posterior. Este estudio añade el sueño como variable de planificación. Algunas reflexiones aplicables:
- En campos de entrenamiento con adolescentes de élite, iniciar la sesión matinal a las 9:00 h en lugar de las 7:00 h garantiza una hora adicional de sueño sin comprometer los resultados en el corto plazo (8 días). Esto puede ser especialmente relevante en períodos de acumulación de carga o en fases de desarrollo del atleta.
- No se puede asumir que el retraso del horario sea neutro en todos los contextos: la logística del campo, la distribución de las sesiones dobles, la alimentación y otros factores pueden verse afectados al modificar el horario de inicio.
- Si el objetivo es reducir la deuda de sueño acumulada en una temporada con muchos entrenamientos tempranos, intervenciones puntuales en campos específicos pueden ser una herramienta, aunque este estudio no permite afirmar que ello mejore el rendimiento.
- Para nadadores en etapas de formación, priorizar el sueño —incluso si no hay un impacto inmediato en los tiempos— sigue siendo una recomendación coherente con la salud y el desarrollo a largo plazo, aunque ese argumento va más allá de lo que este artículo puede demostrar.
El sueño como variable de monitorización en el entrenamiento diario
El uso combinado de actigrafía y diarios de sueño en este estudio ofrece un modelo metodológico aplicable al seguimiento rutinario. En entornos de alto rendimiento donde ya se monitorizan carga interna, carga externa y estado de recuperación, incorporar el registro del sueño —aunque sea mediante una herramienta más simple como un diario— permite detectar períodos de privación que de otro modo pasarían desapercibidos.
Precauciones al interpretar estos resultados
Antes de extraer conclusiones amplias, es importante considerar las limitaciones del propio diseño. El estudio se realizó durante campos de entrenamiento de solo ocho días, lo que limita la posibilidad de detectar efectos que podrían acumularse en períodos más largos. La muestra fue de 27 nadadores adolescentes de nivel nacional, por lo que los resultados no son directamente extrapolables a nadadores de otras edades, niveles de rendimiento o contextos de entrenamiento distintos a los de un campo concentrado. Además, el estudio no exploró todos los factores que pueden influir en el sueño (alimentación, exposición a pantallas, estrés académico), lo que podría haber atenuado el efecto de la intervención sobre la recuperación.
Conclusiones aplicables
- Retrasar el inicio del entrenamiento matinal de las 7:00 h a las 9:00 h aumentó el sueño de nadadores adolescentes de élite en aproximadamente una hora por noche durante un campo de ocho días.
- Ese aumento de sueño no produjo mejoras significativas en la recuperación ni en el rendimiento (100 m y 800 m) dentro del período estudiado.
- Los resultados no invalidan la importancia del sueño, sino que sugieren que sus beneficios sobre el rendimiento pueden requerir intervenciones más prolongadas o contextos diferentes.
- El entrenamiento matinal temprano se asocia objetivamente a menor duración del sueño en adolescentes, lo que conviene tener presente al diseñar la carga semanal y los campos de entrenamiento.
- Modificar el horario de inicio de las sesiones puede ser una estrategia válida para reducir la deuda de sueño en determinados momentos de la temporada, especialmente en fases de alta carga o con deportistas en desarrollo.
- Se necesitan estudios con mayor duración y muestras más amplias para determinar si los beneficios del sueño adicional se manifiestan en el rendimiento a más largo plazo.

